sábado, 15 de septiembre de 2007

HE MIRADO...

De: Walter Saavedra - ching_tien_tao@yahoo.com

HE MIRADO…

Walter Saavedra

Hoy estuve pensando en las mitologías de los egipcios y se me dio por escribir algo que pareciera mucho mi vida pero que no lo fuera. Como siempre, utilizo elementos variados de lo que conozco de mí mismo, utilizo elementos variados de lo que mucha gente conoce de mí mismo y me he lanzado a la aventura de escribir esto que pudiera parecer realidad pero que no es sino ficción. El peligro es enorme, lo sé, a José María Arguedas lo odiaron por hacerlo aquellos que identificaron parte de sus vidas en sus escritos y creyeron que un personaje suyo era basado por completo en ellos y que los ridiculizaba o los insultaba no narrando lo que realmente fueron o eran. Corro el riesgo y me lanzo ha hacer algo similar, que, por otro lado, siempre he hecho. Me arriesgo a ser interpretado erróneamente por quienes me conocen o piensan que hablo de ellos donde no hablo de ellos en realidad. Así que comienzo lo que quiero comenzar y terminaré aunque no quiera terminar. No sé por qué pongo esta aclaración que no aclara nada aquí, pero que quede, porque ya está escrita. Allí va pues lo que quiero decir… aunque no diga nada en verdad y si piensan que detrás de todo esto hay un nombre o varios nombres, pues se equivocan de cabo a rabo porque lo que únicamente hay es lo que no existe, lo que jamás existió, comenzando por mí.

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He mirado el rostro congelado de tu mirada y me percaté que fuego no existe en ti ni en tu mirada sino cuando ves que alguien desea tenerte entre sus brazos, no hay otra manera de gozar para ti sino cuando puedes dominar a quien cae entre tus garras invisibles a la vista pero muy visibles a los ojos de la emoción innominada de quien sólo es sentimiento… Yo fui más allá de mí mismo cuando te dije que… que… ¿Qué te dije? ¿Podrías hacérmelo recordar por favor? Ahora no recuerdo lo que pude haber dicho. Es cruel la vida… me ha parecido ver pronunciar a mis labios que la vida es cruel. Pero siendo cruel la vida no existe sino para quien quiere vivirla y vivir la vida no quiere decir sobrevivir, no sobrevivamos sino vivamos, ¡vivamos! Un día caminé, ¿sabes?, por los etéreos caminos de la destrucción que se fue imponiendo en los sueños míos haciéndolos pesadillas interminables que no acaban ni aun cuando sigue pasando el tiempo que aleja lo que se siente aún más cercano que cuando lo sentimos aterradoramente. Tú ibas viendo lo que los senderos mostraban y yo miraba lo que tú mirabas –e incluso no pocas veces te miraba a ti, a ti- pero con otros ojos porque la mirada mía iba dirigida hacia el cielo, no iba dirigida mi mirada al sentido terrestre de los mortales que, como yo, se olvidan frecuentemente de lo que deben hacer por querer hacerlo mejor y terminan haciéndolo peor. Tú podrás preguntarme ¿Qué es lo que he hecho yo mejor? Y deberé responderte que nada he hecho mejor, nada. Ojalá pudiera yo responder como Oscar Wilde cuando le preguntaron en migración de Estados Unidos si tenía algo valioso por declarar y él dijo simplemente: “Sí: Yo.” Y él sí que era valioso, acabo de leer sus cuentos completos y son de una belleza interminable… lástima que el traductor se creyó con derecho de cambiarle ciertas cosas porque, imagino, no pudo traducirlas adecuadamente del inglés al español. O quizás por prejuicios ya no muy comunes en nuestro tiempo. Por eso, seguramente, los italianos dicen que el traductor es un traidor. Aunque pensándolo bien -a pesar de muchas cosas que doy a entender no queriéndolo o queriéndolo sin quererlo, o sin querer queriendo como dice el Chavo del Ocho-, todos somos valiosos, si no para los demás, para nosotros mismos… o si no para nosotros mismos, para los demás. Dicen que Drácula no podía ver su imagen reflejada en el espejo, lo curioso es que la mayoría de las personas no pueden verse a si mismas como realmente son en el espejo, sino que ven a otra persona muy distinta de cómo son. Sí, sí, yo he mirado el rostro congelado de tu mirada y pude darme cuenta que no tienes fuego en ti, sino anhelos de despertar el fuego en los demás para poder manejarlos a tu antojo. Eso he visto. Me costó mucho tiempo darme cuenta de este detalle, porque conmigo otras eran las cuerdas que utilizabas, lo sé perfectamente, y aunque me costó mucho tiempo darme cuenta, creo que valió la pena. Me he visto sometido a ti en innumerables formas, he ido contigo hasta el infierno, he caminado por los senderos asaeteados de la distancia y solamente pude ir descubriendo tu secreto a voces para los demás –que me veían ser lo que no soy- poco a poco… porque no era el factor externo lo importante, con ser importante, sino el factor interno. Supe desde el inicio que tenías miedo, que tenias también un escudo que utilizabas como papel higiénico cuando te daba la gana. Lo supe perfectamente desde el inicio. Pero no me llamó la atención, me fue indiferente. ¿Qué importancia tiene un escudo malhadado si yo ni siquiera sé de qué material inorgánico esta hecho? Pero, era yo la víctima a la que apuntaba tu diapasón acerada. Fui yo el objetivo. Fui yo el blanco no siéndolo. Fui yo. Y me sometí a tus dicterios inmoderados pero absolutamente controlados. ¿Hasta dónde podía soportar un hombre si realmente era hombre? ¿Hasta dónde? ¡Qué intriga tan grande! Pero todo aquello que atraía a otros a mi me alejaba. Casi siempre fue así, casi siempre. Ahora no podía huir, tenias en tus manos un arma poderosa y eso me hacia estar a tu lado como un perro está al lado de su amo. Yo subiendo y bajando la loma de la emoción diferente a la que todos imaginaban. ¿Cómo despertar aquello que hacia que el resto se te someta? ¿Cómo? Lo lograste, te lo dije, lo lograste… Pero, cuando triunfaste, cuando llegó el momento de mi derrota, pude levantarme para marcharme hacia el lugar donde se pone el sol, hacia el lugar de los muertos porque de esa manera resucitaría esplendoroso con las rayos de ese sol que había muerto y seria yo también sol cuando llegara el momento de salir del país de los muertos, tenia que llegar el momento y ese momento llegó. Ahora me voy. Ahora me voy hacia los sueños no habidos y que me fueron negados porque yo mismo fui el que quise dormir entre los brazos de la muerte que eran tan níveos y llenos de vida. ¡Que gran ironía es ésta: el que la muerte tenga brazos llenos de vida! Pero yo que he andado en lugares por donde ni siquiera me he imaginado, yo que estuve por donde nunca antes había estado, también tenia que estar donde me llamaba el desconocido afán de conquistar lo inconquistable. Fui derrotado, lo confieso, fui derrotado, completamente derrotado. Surgió en mí un gran sentimiento que te dije, pero no pasé más allá. No quise pasar más allá o no me dejaste pasar más allá… ¿Qué importa ahora todo eso? Pero también yo obtuve un triunfo, un gran triunfo que solamente yo sé en que consiste. Solamente yo lo sé. Aunque todo el mundo también lo sepa. ¿Qué importa? La distancia que se alza entre mi vida y la de aquella que fue lo que jamás llegó a ser no puede levantarse más allá de donde ya existía antes de conocerla. Ahora comienza un nuevo rumbo, un nuevo camino, un nuevo sendero se abre en donde no existía nada ni existe aún. Fui derrotado como jamás antes lo había sido a pesar de que muchas mujeres me derrotaron. Pero nunca probaste lo que quisiste probar para luego arrojarlo al lugar donde los buitres hicieran de mí un manjar apreciado. Sí, te lo digo, te lo digo nuevamente: Me percaté que fuego no existe en ti ni en tu mirada, sino que lo que existe es el deseo de dominar. Tu mirada sólo se enciende cuando comienzas a dominar, cuando tienes entre tus manos aceradas, envueltas en terciopelo, el color bermejo de la sangre de quien a ti se acerca para robar lo que ofreces sabiendo lo que quieren hacer con tu ofrecimiento. Tú dominas. Tú dominas. Yo fui derrotado. Me derrotaron. Y… ¿Sabes qué? No me importa. Con esta derrota he ganado mucho, mucho. Demasiado. Mucho más de lo que nunca me imaginaria yo, pobre ninguneado… Ya te dije: no habrá adioses. Pero… ¿Dónde quedaran los tiernos momentos en que tus ojos veía bordear los mantos dorados de la ilusión nacarada? Un día, cuando los sueños vuelvan a ser sueños; un día, cuando las pesadillas dejen de ser pesadillas; un día cuando mi alma pese menos que yo mismo en el ignoto miasma de la vida pasada, ese día volverá a mi lo que jamás tuve y jamás tendré… Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, esto que escribo surge de los intersticios profundos de mi imaginación intergaláctica.

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