sábado, 3 de noviembre de 2007

LOS MUELLES DEL ALBA

De: Walter Saavedra - ching_tien_tao@yahoo.com
Fecha: Mar, 30 de Oct, 2007 7:22 pm
Asunto: LOS MUELLES DEL ALBA

LOS MUELLES DEL ALBA

Walter Saavedra

“Era la negra, negra soledad de las islas,/ y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.// Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta./ Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.// Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme/ en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!” (Pablo Neruda, La canción desesperada de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”).


La noche ha llegado sin que pueda ceñirme su manto de oscura nostalgia. Hoy me levanto cerca del río donde estuve cuando pensaba que tu recuerdo se había borrado para siempre de mi mutis perpetuo. He llegado a pisar la playa donde el mar dulcifica los recuerdos. Han sido negativos porque no comprendí la esencia que los originaba. No hay lamento obstinado. Hemos remontado los días que ayer fueron grises. Hoy se levantan en el centro del tornado para llevarnos adonde el sol tiene su morada. ¿Quién mencionó que los muelles del alba son los que me han abandonado para ser yo también silencio en el rugir hermoso de tu luz? Ya sé que he de partir. He de partir como parte la noche cuando el alba llega. Tengo que partir para ser yo también alborada. Dejo atrás las frías corolas con que las pesadillas de otra ilusión llenaron mi mente. No diré que eres escombro. No lo eres. Estuve mucho tiempo en la feroz cueva donde los náufragos escondían su velamen destrozado. He salido de ahí indemne para llegar a tu costado. ¿Sabes qué? Las guerras y los vuelos destrozados llenaron durante mucho tiempo las alas de mi ser. Empero siempre se alzaron hermosas las alas de los pájaros que con su canto me llenan de alegría. En este aleteo hermoso, la lejanía fue tragada por el horizonte que se hacía cada instante más cercano. Yo caminé para alejarme… Caminé para alejarme. Me di cuenta que mi caminar en lugar de alejarme me acercaba más. Entonces combatí serenamente el naufragio. Ese naufragio que veía en los momentos de negrura feroz. Lo combatí con el mar sereno de la ilusión renovadora. Lo combatí como jamás Cronos fue combatido. ¡Jamás! Convertí la desorientación de la noche oscura en alegre hora. La convertí en un faro ardiente que golpeaba con su rayo de luz candente al estupor en su hora senil. La hora de mi vida serena. La hora aquella que jamás supe que se había presentado hasta que vi los cuadros siemprevivos de la danza inmóvil. Era el mar. Era aquel mar que vio crecer mis ilusiones infantiles mientras miraba el cielo en aquella noche estrellada que me acompaña. Aquella noche en que descubrí la infinitud de tus luceros vehementes. En aquel mar salió a flote mi ansiedad. Y convertí mi ansiedad en el piloto que pudo navegar directamente hacia las sensaciones que dejaron de ser turbias para convertirse en el sinfín de claridades de tus ojos. Recuerdo cuando mi infancia fue herida por ventarrones que se enquistaron en los bellos recuerdos de mi ancianidad temprana, y mi alma alada fue herida más allá de la emoción hermosa. Me hundí en el naufragio que despertó la negrura de los estentóreos mausoleos que cerraban mi camino. Fue mi infancia de niebla. Fui el descubridor que andaba perdido en el naufragio de mi ser silente. Jamás quise que el dolor se ciñera a mi espalda. Jamás lo quise. El dolor se ciñe en mi corazón al no encontrar cabida en mi espalda. El dolor navegó controlando el corazón que dejó de ser mío. Jamás fue dueño de mi deseo. Quiso tumbar mi alegría. Fue la tristeza la que naufragó en tu alborada intensa. Tomando mi vida, hice retroceder la sombra cuya muralla veía levantarse delante, como había estado antes a mi lado. Estuvo a mi lado, que soy yo, que es mi yo entero. En la acción demoledora de los agónicos estertores, anduve más allá del deseo y del acto, más allá, siempre más allá, que es donde siempre me encuentro. El Génesis huyó de la vera en que te concibió. Mi canto evocador surge nítido y claro en esta hora en que las olas marinas humedecen mi sol interno con tu mirada intensamente azul. Fuiste infinita ternura como el vaso candente que dio Afrodita a Hermes. Fuiste todo lo que Hermes gozó gozando a Afrodita. Y no hubo olvido. No hubo olvido infinito que destrozara el vaso que emergió hermoso, relucientemente sol, relucientemente luna. La negrura profunda en que viví cuando no vivía, fue destrozada por tus brazos. Acogiéndome en tu amor tierno, mujer divina, calmaste mi sed, calmaste mi hambre con tu fruta divina. Fuiste milagro en el momento en que toda maravilla parece haberse alejado para siempre. Tus brazos fueron la tierra fértil donde nací nuevamente, siempre nuevamente. Por eso es que aún no he nacido, aún no. Quiero alejarme para evitar que todo lo que pienso no sea verdad. Fue muy corto el instante en que mi deseo pareció llenarse de ilusión. Estuve ebrio. Mi corazón se vio revuelto. Se hundió en el tirante sol de tu mar intenso. Sucumbí a mi propia ensoñación. Visitando los cementerios descubrí que los besos no han muerto… Quizás jamás existieron. Nunca podrán morir. Caminaba en los cementerios llenos de vida de aquellos que no han muerto. Sentí el fuego que desprendía cada tumba. Exhalar el olor que sus flores eternas contenían. Esas flores que crecían eternamente bellas al lado de los racimos de las vides primerizas que los chaucatos picotean como tributo a su realidad divina. A veces he soñado… En mis sueños mordidos, mis miembros cansados y macilentos, descansan. La cópula fue ilusión loca. Pregonaba la esperanza. Pregonaba la desesperanza. La cópula buscaba encontrar la ternura intensa que creyó conocer cuando no la conocía. Mi destino creí que era el que fue. Cuando no la conocía, era el dolor la alegría, era ahogarse la vida, era lo que no era... Nada presagiaba tus llamas. Tu canto rompía en la vida como la proa de un barco rompe las olas del mar. Rompe al mar mismo. Rompe a la vida. Lo rompe todo. Yo no conocía los cantos de tu energía. Las corrientes de tu pasión. El pozo de tus ojos. Ya ha terminado todo porque tiene que comenzar. No puede comenzar si no termina… Aun cuando yo no sepa qué es lo que termina y qué es lo que comienza. Debo partir hacia donde me espera lo que espero. Debo partir ¿te das cuenta? Debo partir. Ya ni la noche me sujeta. Ya ni el día me aprisiona. Debo ir tras las estrellas que fugan buscando miríadas de claridades en tus ojos. Debo partir… Debo partir. Debo ir a buscar los muelles del alba que matan la sombra trémula. Debo ir más allá de todo. Ha llegado ya la hora de partir. ¡Y parto!

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