lunes, 17 de marzo de 2008

Carlos Angulo: Recjazar el asedio del narco-estado Colombiano y la CIA

De: joo cesar - jocajoo1@yahoo.es
Fecha: Mié, 12 de Mar, 2008 11:20 pm
Asunto: Carlos Angulo: Recjazar el asedio del narco-estado Colombiano y la CIA

Coletillas al Margen
Rechazar el asedio del narco-estado colombiano y la CIA
Carlos Angulo Rivas
Se amistaron en la cumbre del Grupo de Río, celebrada en Santo Domingo, los presidentes de Venezuela, Ecuador y Nicaragua con el provocador de la guerra, Álvaro Uribe, única y exclusivamente, porque los revolucionarios somos hombres de paz. “Con el compromiso de no agredir nunca más a un país hermano y el pedido de perdón, podemos dar por superado este gravísimo incidente" manifestó el ecuatoriano Rafael Correa, luego de un intenso debate conceptual que aplastó las pretensiones e iniciativas del colombiano. No cabe duda, el problema no fue de Chavez, Correa u Ortega sino de los otros, los pro y los imperialistas, pues tras las imágenes sonrientes la agresión subsiste y el pacto de los saludos será roto en cualquier momento. Fidel Castro, con la historia a cuestas, es testigo inigualable; nunca lo dejaron tranquilo durante la construcción de la justicia social en Cuba.
La escalada de la agresión imperialista en América Latina no cesa ni cesará. Tiene sus agentes desplegados en todas partes, además, a los gobiernos títeres como voceros y actores políticos del sabotaje a todos los avances con olor a cambio o revolución social. Desde el empate técnico logrado por la contrarrevolución venezolana en la consulta popular de diciembre pasado, a raíz de la reforma constitucional propuesta por la Asamblea Nacional y el presidente Hugo Chávez, el imperialismo y sus secuaces han creído ver una luz de recuperación del poder político manipulador perdido. Considerablemente equivocados están estos dirigentes decadentes, porque el empate técnico se debió al ausentismo de la masa chavista, todavía en su ciclo de maduración política; en otras palabras, de la masa anti-partidos tradicionales reaccionarios, la misma que no entendió la propuesta de los cambios constitucionales. Equivocados están, por cuanto el progreso revolucionario y la gestación de lo nuevo, son necesidades vitales del proceso que sólo pueden ser satisfechas por la conciencia social, un subjetivismo lo bastante fuerte para rechazar los valores tradicionales o comprobar su desfallecimiento.
Sin embargo, esta pequeña brecha abierta fue vista en la Casa Blanca como la oportunidad necesaria para desmantelar gobiernos comprometidos con la opción signada por la política contraria a la globalización y el neoliberalismo, contraria a la invasión de capitales transnacionales de la feroz privatización sin tener en consideración los intereses nacionales de los países en vías de desarrollo, los recursos renovables, el medio ambiente, la pobreza y la salud, etc. A partir de ahí se puso en práctica la consigna de Washington, en la dirección de desestabilizar primero para luego atacar con fuerza deliberada, utilizando los espacios en conflicto y donde a través del azuzamiento de la población se podía crear confusión, desasosiego y desconfianza. Desabastecer los mercados, esconder o desaparecer los alimentos de primera necesidad a través de los mecanismos de comercialización y transporte aún controlado por la oligarquía venezolana; desautorizar al presidente Hugo Chávez después de lograr avances firmes en conversaciones con las FARC para la liberación de rehenes, incluida Ingrid Betancourt, la ex candidata presidencial colombiana; el embargo amañado, con la finalidad de ahogar la economía y derrocar al gobierno bolivariano, de EXXON-MOBIL contra PDVSA, la petrolera estatal venezolana, por un monto de 12,000 millones de dólares habiendo dicha compañía invertido apenas 300 millones en Cerro Negro; la falsa acusación de financiamiento del gobierno venezolano a las FARC y la continuidad de la campaña mediática mundial de desprestigio contra Venezuela y Chávez; fueron los ingredientes principales de la consigna imperialista.
Pero, no se trataba sólo de Hugo Chávez y Venezuela sino también de los gobiernos protagonistas del cambio económico y social. Bolivia está sufriendo el embate de la oligarquía resucitada con el apoyo de la embajada norteamericana: brutal agitación política contra el presidente Evo Morales y la nueva constitución; provocación destemplada segregacionista con miras a dividir el país desde el oriente, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija, tal como con el apoyo norteamericano y la OTAN dividieron Yugoslavia bajo la proposición de “divide y reinarás.” Intrigas contra el gobierno de Rafael Correa y la Asamblea Constituyente, acusaciones falsa de haber financiado su campaña electoral con aportes de la FARC y Venezuela. Presión económica y revuelta política en Nicaragua utilizando la situación económica y el pago de la deuda externa. Maniobras y manipulación del probado aliado de la Casa Blanca, Alan García Pérez del Perú, buscarruidos profesional, inculpando de terroristas a los políticos de izquierda, a los dirigentes gremiales, a algunos presidentes regionales y alcaldes, y a todo opositor a su afiebrado gobierno privatizador y no contento con ello, usando la artimaña de la existencia de una conspiración internacional bolivariana, sinónimo de terrorismo para él, financiada inmensamente por el presidente Hugo Chávez.
En este encadenamiento de acciones creadas artificialmente por la inteligencia político-militar de la Casa Blanca, se produjo el operativo de guerra colombiano violando la frontera y la soberanía ecuatoriana, para impunemente asesinar a un contingente guerrillero de las FARC y a su segundo mando, comandante Raúl Reyes. En este sentido, la inaceptable incursión militar de Colombia no fue una casualidad sino el desafío de crear un conflicto diplomático de proporciones y la posibilidad de una guerra apoyada militarmente por el imperialismo norteamericano deseoso de intervenir directamente (ya no sólo con el Plan Colombia) en territorio de América Latina. Así el descabellado y desmedido ataque, enorme potencia de fuego aéreo, frente a un campamento de combatientes dormidos no resiste el mínimo análisis de un inevitable enfrentamiento con las FARC, como quiso presentarlo Álvaro Uribe ante la prensa internacional, menos aún cuando se ha comprobado el remate en tierra de los heridos y sobrevivientes. El pretexto de las FARC, confiadas en la mediación internacional del canje humanitario y las negociaciones de paz como única salida al conflicto armado de más de 40 años en Colombia, fue simplemente una salida evasiva, justificante, de la agresión combinada de Álvaro Uribe y los asesore militares yanquis.
Advertidos de la instigación a la guerra, donde la ocupación militar norteamericana de Colombia sería permitida por el gobierno de Uribe, el montaje del escenario estratégico de la Casa Blanca fue desbaratado en la Cumbre de Río realizada en Santo Domingo. No obstante, el peligro sigue latente porque en este ensayo pernicioso y perverso están en juego intereses de otra índole como son las manifestaciones de soberanía, nacionalismo, libertad, justicia social y fraternidad entre los pueblos; expresiones de liberación social revolucionaria que ponen en peligro la tradicional política de corrupción de los gobiernos títeres de Estados Unidos, protectores de sus intereses en la región. Tengamos presente en este asunto las posiciones aisladas de los peones, Álvaro Uribe y Alan García, en relación al conflicto diplomático. El primero, seguro de lo que venía haciendo, tuvo el descaro de ir a ese ministerio de colonias llamado OEA con una petición extravagante, a través de su embajador Camilo Ospina: “que el derecho de soberanía se viera desde una perspectiva más amplia que incluyera el derecho de los pueblos a no ser atacados.” O sea nada más y nada menos que el permiso de intervenir militarmente sin respetar fronteras y soberanías. Además Uribe, con el sable desenvainado agredió, bajo libreto preparado, a los presidentes Rafael Correa y Hugo Chávez, inventando nexos de Ecuador y Venezuela con la guerrilla de la FARC, según él “descubiertos” en las computadoras del comandante guerrillero abatido Raúl Reyes; y hasta “pruebas” de un financiamiento de Chávez de 300 millones de dólares a las guerrillas de las FARC. “Miente, miente” que algo queda en la mente de la gente, política también usada frecuentemente por el segundo, Alan García, frente a los conflictos internos del Perú. García Pérez, por su parte, en el conflicto diplomático se mostró cauto en apariencia y si bien condenó, de dientes para afuera, la intervención militar colombiana en territorio ecuatoriano, agregó enseguida la justificación mostrando su “preocupación por las denuncias del Ejecutivo colombiano sobre los supuestos vínculos entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno del presidente ecuatoriano, Rafael Correa.”
La cuestión de fondo que no quieren ver ni Álvaro Uribe, ni Alan García, ni el gobierno de Estado Unidos, es que las ideas, los ejemplos y resultados de una revolución social, no tienen fronteras. El imperio romano no pudo impedir la divulgación del cristianismo primitivo como revolución social y política; las monarquías europeas no salvaron el cuello echándole la culpa a la revolución francesa y a las ideas de Voltaire y Rousseau; tampoco las democracias burguesas pudieron frenar la invasión de las ideas de Marx y Engels. Las ideas revolucionarias son un vendaval inevitable, son como las tormentas, los huracanes, las lluvias, cruzan territorios y fronteras sin detenerse ¿puede alguien detener un fenómeno natural? NO; y ellos soplan donde deben soplar, hace temblar donde debe temblar y mojan donde deben mojar. La revolución cubana en Nuestra América sigue teniendo el impacto de sus años primigenios, navegó contra viento y marea y ahí está consolidando el proyecto del sueño de la justicia social hecho realidad. La revolución bolivariana es una gesta en formación, un aliento hacia la unidad revolucionaria del continente, un camino a seguir contra los partidos tradicionales y la putrefacción de los estados corruptos vinculados al narcotráfico, al asesinato de los mejores hombres, al genocidio, a la matanza silenciosa del hambre y el abandono de familias enteras, madres, niños y ancianos.
Levantar las banderas bolivarianas no es una intervención extranjera, no es injerencia de ningún estado sobre otro, no es intromisión de un país en los asuntos de otro; y por supuesto, crear las propias organizaciones de propagación y educación de las masas en las ideas bolivarianas no significa fundar entes terroristas. Las ideas se combaten con ideas, no con manipulación ni maniqueísmo ni represión brutal y criminal contra los oponentes. Los conflictos sociales en cada país son internos y propios, obedecen a la desigualdad y el abuso de los gobernantes. El derecho constitucional a la insurgencia y a la desobediencia civil son procedentes ante la injusticia y el abuso del poder, de la dictadura civil o militar, el límite es el hambre y la miseria. La mediación de los estados democráticos y revolucionarios es buscar la paz, porque se cree en ella como esencia y principio de gobernar. Y desde un punto de vista de nuestra propia cultura histórica, son de lamentar los repetidos intentos de las fuerzas retardatarias de cualquier país por salvar algo que va hacia la muerte inevitable, el podrido sistema democrático representativo de una sola clase, la de los grandes propietarios estrechamente vinculados a las empresas transnacionales de la globalización y el neoliberalismo.

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