martes, 25 de septiembre de 2007

SENCILLAMENTE PUTA

De: Walter Saavedra - ching_tien_tao@yahoo.com
Fecha: Mar, 25 de Sep, 2007 9:09 am
Asunto: SENCILLAMENTE PUTA

Muy importante la historia que nos envias Alberto, como acostumbras siempre enviar, es algo que incide profundamente en lo que es la vida y la forma como los seres humanos tomamos partido frente al mundo en que vivimos. La prostitucion siempre ha sido proscrita porque se ha proscrito el sexo porque da placer... y porque es el organo genital, esencialmente, el organo procreador. Desde la Edad Media el placer fue proscrito y con mayor razon (o sinrazon) se proscribio el placer sexual. En un mundo donde se tenia como lo maximo el sufrimiento y se acostumbraba causarlo a traves de innumerables instrumentos que hoy en dia usan los sadomasoquistas, no tenia lugar el placer, la alegria, y menos aun si se relacionaba con el sexo. Proscrito el placer sexual se proscribia tambien a quienes se dedicaban a satisfacerlo... se proscribia abiertamente, porque en la hipocresia social que se ha prolongado hasta nuestros dias -a pesar de no ser ya como antaño-, en esa hipocresia donde vemos hombres muy honestos, hablando contra la prostitucion y acudiendo a los prostibulos cuando nadie se daba cuenta. ¿No hemos sido testigos de pastores evangelicos en esa misma situacion? Fustigaban el infierno sexual y vivian sumergidos en el hasta la coronilla. Las mujeres fustigaban tambien a estas mujeres por muchas razones complejas, especialmente porque sus maridos iban a parar alli. Una prostituta es un ser humano. En la antiguedad eran sacerdotisas de diosas como Afrodita. En toda sociedad se encontraban. La prostituta-sacerdotisa daba la sabiduria al hombre mediante el coito. Hoy en dia se usa a las prostitutas incluso como un elemento muy importante en la terapia de los hombres que han tenido cancer de prostata y son solteros o no tienen pareja estable (esto no se dice abiertamente). Y estoy seguro que muchos otros papeles positivos tienen en esta sociedad que, por suerte, va saliendo de su pacatismo poco a poco. No abogo, ciertamente por la existencia de la prostitucion, pero se que existe y mientras no se den las condiciones adecuadas para su desaparicion seguira existiendo. El joven busca sexo en ellas porque no puede encontrarlo en otro lugar. Tiene sexo frio, sin sentimiento, porque no puede ser de otra manera. Desde los años sesenta con el movimiento hippie y la liberacion sexual las cosas fueron cambiando, se llego a aspectos exagerados que la aparicion del sida comenzo a moderar, pero no a cambiar radicalmente. Asi como la aparicion del marques de Sade fue una reacción contra la moral que la Revolucion Francesa combatia, una reaccion exagerada es cierto, pero reaccion al fin y al cabo, asi tambien el movimiento hippie fue una reaccion contra la moral de una epoca. Decir prostituta, puta o trabajadora sexual, es lo de menos... el problema no es el termino, es lo que estamos dando a entender con el termino. Las palabras prostituta y puta tienen aun muchas connotaciones negativas que, por cierto, terminan escandalizando a muchos de quienes se creen liberales o libres de prejuicios. Y las prostitutas quieren ser aceptadas como son sin mayores cambios. No se allanan a modificaciones, quieren que se les acepte en conjunto en una especie de todo o nada. Eso tampoco puede ser. Como quiera que sea, nuestra epoca esta dando los pasos que son imprescindibles para conocer al ser humano... si, al ser humano, cualesquiera que sea la actividad a la que se dedique. Nadie puede ser excluido de la humanidad, y estas personas estuvieron siempre marginadas, no solamente de la sociedad sino, lo que es mucho mas grave, estuvieron marginadas de la humanidad, de ser consideradas seres humanos, como si no tuvieran sentimientos, como si su sola vision contagiara la peor de lacras que desbastaria a quienes se acercaran a ellas o las mencionaran en publico. La hipocresia subsiste aun, no dejemos que subsista tambien la estupidez de considerar a seres humanos como objetos, simplemenmte objetos, que son inferiores a los animales, y en eso se acercan, en la concepción de los intolerantes, a los esclavos, con la diferencia de que no pueden ser muertas impunemente, aunque si mueren, como ha ocurrido en muchas ocasiones, poco es lo que se hace para protegerlas, por eso en esta epoca de la existencia de grupos que se dedican a violarlas o asesinarlas ellas toman la iniciativa y claman que tambien son seres humanos y buscan que se las comprenda. En esta epoca en que la miseria tan extendida lleva a las muchachas por propia iniciativa a vivir de la prostitucion porque no les queda otro camino... aunque muchas mujeres "decentes" les de otras alternativas que no lo son ni lo seran nunca y solamente lo dan porque estan en una situacion completamente diferente y no en la desesperacion en que estan estas mujeres que tienen que recurrir a vender su cuerpo (no solo su vagina) para poder vivir ellas, sus padres, hermanos e hijos y para poder dedicarse a estudiar con la esperanza de cambiar de vida en unos años.
Walter Saavedra.

--- En antropologosenred@gruposyahoo.com, alberto mosquera alberto mosquera escribió:
>
> LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE PUTA
>
> Gabriela Leite es la fundadora de la Red Brasilera de Prostitutas, una
> organización horizontal que, entre otras cosas, creó una línea de ropa
> que desafía aquello de "vestirse como una puta", algo que cualquier
> mujer ha escuchado alguna vez. Pero ese es un desafío menor comparado
> con su reivindicació n de la prostitución en esos mismos términos, de
> la elección que implica y de cómo funcionan al momento de exponer las
> fantasías sexuales.
>
> http://static. pagina12. com.ar/fotos/ las12/20070914/ notas_12/ gabriela. jpg
> Por Veronica Gago
>
> Desde San Pablo
>
> Es un invierno caluroso en la ciudad-monstruo de San Pablo. En esa
> monstruosidad, dicen por aquí, está su belleza. La metrópoli se
> extiende casi indefinidamente bajo una rigurosa fragmentación de
> clases y de colores. Aquí Gabriela Leite, fundadora de la Red
> Brasilera de Prostitutas, se inició en la bohemia y se fascinó con los
> modos de vida ligados a la noche. Eran los años finales de la década
> del 60. La prostitución consentida, como Gabriela la llama, tiene en
> su experiencia personal varias marcas de época: la revolución de la
> píldora, cierta intimidad con las vanguardias contraculturales y la
> lectura fervorosa de Historia de la sexualidad, de Michel Foucault.
>
> Ustedes se llaman prostitutas y no trabajadoras sexuales, ¿por qué?
>
> –Te voy a contar lo que me pasó hace unos meses en Buenos Aires, en un
> foro sobre sida de nivel latinoamericano y el Caribe. Una amiga mía
> que fue como voluntaria para trabajar allí recibió una lista de
> palabras que no podían usarse de ninguna manera en ese congreso. Una
> de las palabras era prostituta. Mi amiga me contó esto y cuando voy a
> hablar en una mesa, la persona que me iba a presentar me pregunta cómo
> hacerlo y yo le dije: "Presénteme como Gabriela de la Red Brasilera de
> Prostitutas" . Pero cuando ella lo hace públicamente dice: "Gabriela
> Leite, de la Red Brasilera de Trabajadoras Sexuales". Cuando empecé a
> hablar yo la corregí y dije que como la Red Brasilera de Prostitutas
> se llama así me gustaría que cada vez que hablen de ella o me
> presenten a mí lo hagan con ese nombre. Para mí es una historia
> antigua de la izquierda que no quiere entrar en las estructuras de
> lenguaje, que tiene miedo de asumir determinadas cuestiones y
> palabras. Pero el lenguaje es políticamente muy importante: para
> nosotras es una cuestión política hablar de prostitutas o de putas.
> Puta es la palabra que más me gusta. En la medida que tenemos una
> izquierda que se queda en lo superficial, es muy difícil enfrentar esto.
>
> ¿Cuál es tu crítica a la idea de trabajadora sexual?
>
> –Elena Reynaga –de Ammar CTA, a quien conozco hace muchos años y es mi
> amiga– toda vez que habla en público comienza diciendo que la
> prostitución es una profesión y al final se larga a llorar y dice que
> quiere que ese sindicato que están formando algún día ya no tenga que
> existir, es decir, que algún día desaparezca la prostitución. No hablo
> sólo de Elena al decir esto porque es lo que piensan muchas. Pero creo
> que esto es repetir lo que siempre se pensó sobre la prostitución, que
> tiene como fundamento la lástima hacia esas mujeres, para quienes sin
> dudas el estigma es muy pesado. Yo tengo una trayectoria diferente.
> Vengo de la contracultura y desde el principio pienso que la
> prostitución está en la sociedad porque es una actividad que tiene una
> relación directa con la forma en que todas y todos encaramos nuestra
> sexualidad. La prostituta está en el ideario. Como toda trabajadora de
> nuestros países capitalistas neoliberales, la prostituta es una mujer
> explotada pero no creo que se termine con la prostitución porque ella
> precisamente pone sobre la mesa toda una serie de cosas que no
> queremos ver.
>
> ¿A qué te referís?
>
> –Hace unas semanas hubo un hecho terrible en Río de Janeiro: unos
> jóvenes atacaron a una chica empleada doméstica que esperaba el
> colectivo en la madrugada. Ellos dijeron que pensaban que era una
> prostituta. A medida que avanza la investigación van saliendo un
> montón de cosas: por ejemplo que estos jóvenes son una cuadrilla
> especializada en atacar prostitutas y que la chica iba a hacer la cola
> a un hospital público, por lo cual tenía que salir de madrugada.
> Nosotras iniciamos una acción judicial para procesar a los chicos por
> daños morales. ¿Por qué bajo este cargo? Se me ocurrió la idea porque
> tengo claro que una prostituta nunca pensaría que otro la puede
> perjudicar moralmente porque, antes que nada, ella se piensa como una
> persona inmoral. Entonces, esta es una cuestión importante de
> discutir. Los prejuicios están proyectados e introyectados y eso hay
> que ponerlo sobre la mesa.
>
> Sin embargo, desde varias posiciones se marca una diferencia: la
> prostitución no sería una forma más de explotación o de trabajo
> capitalista, sino una subordinación total al patriarcado.
>
> –Bueno, esa es la definición feminista de prostitución.
>
> ¿Y cuál es tu crítica?
>
> –Las feministas son nuestras cuasi enemigas históricas. Claro, hoy hay
> feministas más modernas, que quieren dialogar o empezar a pensar de
> otro modo. Pero las feministas históricas, aquellas que están en el
> movimiento hace años, no quieren discutir de ningún modo la
> prostitución porque su posición es abolicionista. En verdad es la
> misma posición que la Iglesia Católica, lo que ha sido históricamente
> un grave problema para nosotras. A la hora de hablar de la
> prostitución hay que pensar en este mundo extremadamente complejo y no
> sólo reducirlo a la mujer víctima. Cuando las feministas dicen que
> esto se debe al patriarcado, se deja completamente de lado la
> discusión del mundo de las fantasías sexuales.
>
> ¿Podés explicar qué discusión sería ésa?
>
> –Todo el mundo tiene fantasías sexuales. Sólo que muchas personas las
> reprimen o sólo consiguen liberar esa dimensión de su sexualidad con
> prostitutas. ¿Por qué? Porque la prostituta es una persona que no va a
> hablar de ello. Y esto es así porque las fantasías sexuales suele ser
> algo que se esconde. Esto tiene que ver con la complejidad de toda
> sociedad. Creo que nuestro papel es trabajar estas cuestiones con las
> personas: ¿por qué las fantasías sexuales sólo aparecen allí? Otra
> crítica que les hago a las feministas, es que ellas nos dijeron
> siempre lo que piensan de nosotras pero nunca nos consultaron. Nunca
> nos respetaron como sujetos políticos, como sujetos con autonomía. Y
> ese es el punto de partida para iniciar cualquier discusión; si nos
> creen víctimas, es imposible hablar.
>
> ¿Por esa razón le atribuís una dimensión política a la prostituta en
> la ciudad?
>
> –Siempre me incomodó que se dijera, "Pobrecita, vende su cuerpo".
> Pienso que todo el mundo vende parte de su cuerpo. ¿La vagina es una
> parte que se respeta más? Segundo, si todos vendemos el cuerpo,
> nuestra actividad tiene una característica: somos especialistas en las
> fantasías sexuales. Muchas mujeres no pueden hablar de sus fantasías,
> la mayoría de las veces las reprimen. Estoy hablando de la mujer
> común. Jamás puede hablar con su compañero de estas cosas. La riqueza
> de la prostituta es conocer ese lado de las personas.
>
> ¿Pero ese saber no está subordinado o incluso bloqueado?
>
> –Sí, el capitalismo con toda la complejidad de los valores cristianos,
> por supuesto que bloquea la sexualidad y esos saberes. Pero esa puede
> ser nuestra contribución específica si logramos salirnos del estigma.
>
> ¿Cómo discriminar una prostitución consentida de aquella no elegida?
>
> –El problema de la identidad es fuerte. Muchas veces la persona se
> coloca como víctima. Nosotras trabajamos mucho la cuestión de la
> vergüenza, de un trabajo sobre sí. Acabamos de editar un libro, a
> partir de la metodología de la historia oral, que reúne historias de
> vida de distintas prostitutas, contando cada trayectoria singular. Es
> medio esquizofrénico participar de un movimiento como el que queremos
> y a la vez cargar con el estigma social, por eso primero hay que hacer
> un trabajo de sí y de cada una para revertir todo el proceso interno.
> Yo recuerdo cuando era pequeña que me prohibían mirar a las
> prostitutas en el camino de regreso de la escuela a mi casa. Aprendes
> a no mirar a esas personas a pesar de vivir en la misma sociedad. La
> historia de ese estigma te desestructura toda por dentro y es
> necesario hacer un enorme trabajo con una misma para recuperar la
> propia historia. Pero es muy difícil.
>
> ¿Por qué para vos no funcionó como estigma?
>
> –Para mí fue más fácil porque yo antes de ser prostituta pensaba una
> serie de cosas, incluso podría decir que eran cosas que me llevaron a
> la prostitución. Sin embargo, no es que no me afecten las cuestiones
> vinculadas al estigma. Yo tengo una hija de treinta y pocos años con
> la que siempre fuimos amigas. Hace poco ella se casó con un hombre que
> pertenece a la iglesia bautista y yo no pude ir más a su casa. Nació
> mi nieta y por un tiempo bastante largo no pude conocerla. Quiero
> decir que esto es muy pesado.
>
> ¿Pero qué fueron esas cosas que te llevaron a la prostitución?
>
> –Nací en San Pablo, soy de clase media baja. Estudié en la
> universidad, primero para filosofía y después cambié a sociología;
> ingresé en el 68, en un momento de mucha efervescencia. De la escuela
> secundaria pública, yo había salido con lecturas marxistas, que era lo
> común de la época. Cuando entré a la facultad, comencé a hacer otras
> lecturas: por entonces leí a Foucault y mucho después a Félix
> Guattari, que fue el amor de mi vida. Pero desde pequeña siempre tuve
> fascinación por la noche. Mi familia era bastante conservadora, sobre
> todo en lo relativo a la virginidad. ¡Pero yo viví la revolución de la
> píldora: soy de esa generación! Entonces empecé a cuestionarme muchas
> cosas respecto de la sexualidad y de los modos de vida. Cuando entré
> en la universidad empecé a frecuentar un bar que tenía a ambos
> costados, dos teatros: uno era un teatro militante y el otro un teatro
> contracultural. Uno experimental y otro ideológico... (risas). Para
> que te des una idea: los militantes, peyorativamente, llamaban a los
> otros "esperma loca". En ese bar, mis compañeras y yo mentíamos todo
> el tiempo: decíamos que teníamos una gran experiencia sexual, pero
> éramos todas vírgenes. Una historia para mí definitiva fue cuando salí
> con un director de teatro, fui a su departamento y fue un horror: le
> pedí que apagara la luz y descubrió que era virgen. Al otro día,
> cuando llegué al bar, ya todo el mundo sabía que yo era una pequeña
> burguesa virgen y que tenía vergüenza de mi cuerpo. ¡Era historia
> pública que mi discurso y mi vida eran dos cosas distintas! Por
> entonces trabajaba todo el día como secretaria y estudiaba de noche. Y
> tras frecuentar algunos bares donde había prostitutas, esas de vestido
> largo, muy chic, pensé que ese podía ser un trabajo para mí. Una noche
> me decidí y fui pero era tan distinta al resto, que todo el mundo me
> miraba, me sentí mal por la timidez y hui. Estaba comprando
> cigarrillos y conocí a un cafishio que me dio la dirección de un bar
> de otra zona. Al otro día fui y empecé. Fue difícil al principio, pero
> hubo tres razones que me impulsaron a seguir. Primero, el horario que
> me permitía estudiar de tarde e ir a la facultad de noche; segundo: el
> dinero: ganaba en pocos días lo que ganaba como secretaria en un mes,
> y tercero, la historia de la sexualidad misma: yo adoro la fragilidad
> de los hombres porque, a pesar de lo que dicen, no saben nada de
> sexualidad.
> Desfiles de Das Pu, ropa para mujeres reales.
>
> De esa historia tan personal, ¿cómo pasás a armar una organización?
>
> –En el '78, hubo un problema serio con la prostitución aquí en San
> Pablo. La policía empezó a arrestar masivamente a las prostitutas y a
> los travestis y dos compañeras desaparecieron. Pensamos en hacer una
> marcha porque el resto de la sociedad no sabía lo que pasaba con las
> prostitutas, y por eso podíamos tener un impacto. Y así fue: un
> verdadero escándalo que salió en todos los diarios. Pero después, pasó
> lo que pasa siempre con estos tipos de grupos: sentían que ya habíamos
> ganado lo suficiente. Yo me quedé con la idea de armar una
> organización, pero sólo conocía la situación de la prostitución en San
> Pablo. Empecé a viajar por el interior del país con varios camioneros,
> que son quienes más conocen a las prostitutas y a saber qué pasaba en
> otras ciudades. Fue en Río donde empecé a hablar en público. En 1982,
> una parlamentaria del PT, Benedicta da Silva, me invitó a un encuentro
> de mujeres de la periferia. Fuimos cuatro o cinco prostitutas. Y hablé
> yo porque era la única que me animaba. Recuerdo que empecé diciendo:
> "Soy Gabriela Leite, soy prostituta". Fue un shock: ¡una prostituta
> que habla! (risas).
>
> ¿Qué llamaba la atención de tu palabra?
>
> –Lo primero era mostrar la cara de una historia siempre escondida.
> Nosotras nunca existimos, éramos lo oscuro. Nos hicimos ver: mostramos
> que hablamos y pensamos. Y, en primer lugar, que vivimos en esta
> sociedad. Segundo: vencer mis propios prejuicios que me llevaban a
> vivir progresivamente en un ghetto, sólo entre prostitutas. Si te
> quedás en un ghetto nunca vas a discutir en serio. Lo importante es
> llevar nuestra discusión a la sociedad, no dejar que se nos aísle de
> la historia de los movimientos sociales.
>
> ¿Qué tipo de reacción provoca decir que elegiste la prostitución?
>
> –Por muchos años fue difícil no victimizarme, de cada lugar salí
> exhausta de las discusiones. Muchos me decían que yo estaba
> completamente dominada por la explotación. Siempre hubo una cuestión
> que me repetían: usted puede decir lo que dice, porque nunca pasó
> hambre, nunca fue "exactamente" pobre. Esto tiene un implícito: quiere
> decir que sólo las extremadamente pobres tienen derecho a hablar
> porque cuando hablan lo hacen como víctimas. La mayoría de mis
> colegas, que no fueron a la universidad y tuvieron muchas menos
> alternativas que yo, siempre dicen: "jamás lavaría bombachas de las
> señoras". Para mí esto es una opción de vida. A veces las opciones son
> pocas, pero existen. La víctima, por el contrario, nunca será
> percibida como alguien capaz de una decisión política.
>
> ¿Por qué se les ocurrió lanzar una línea de ropa?
>
> –Das Pu consiste en mostrar con la moda y los desfiles qué somos
> nosotras y también bromear y dislocar el estereotipo de la puta. Es
> común decir: "ah, tal está vestida como una puta". Bueno, nosotros
> relanzamos esa pregunta: ¿cómo se visten las putas?, ¿qué es vestirse
> como puta? Das Pu es la parte más visible de nuestra organización que
> se llama Da vida. También es nuestra forma de financiarnos. El nombre
> proviene de burlar el nombre de la boutique más chic de San Pablo que
> se llama Das Lu. Aquí en San Pablo tenemos tres locales que venden
> nuestra ropa. Das Pu produjo que mucha gente quiera asociarse con
> nosotras en este proyecto. La ministra de Salud acaba de pedirme una
> reunión para discutir la cuestión de la prostitución: eso nunca nos
> había pasado. Estamos averiguando ahora para exportar porque la tienda
> francesa Lafayette quiere nuestras bikinis. Sin embargo, lo que más se
> vende es una camiseta de la primera colección que es muy simple y sólo
> tiene una frase que dice: "Somos malas, podemos ser peores".
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>
>
> Desde Puente Piedra,
> alberto mosquera moquillaza
> carabay5@...
>
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